No empecé en la joyería.
Todo lo que ves hoy empieza mucho antes.
Durante años seguí un camino completamente distinto.
Trabajaba en el sector administrativo, en una vida que, en teoría, era la correcta:
estable, previsible, segura.
Pero había algo que no encajaba.
Hace siete años, en un viaje a Calella, ocurrió algo sencillo… pero decisivo.
Descubrí la joyería artesanal.
No fue un momento espectacular.
Fue algo más profundo: una sensación.
La de ver, por primera vez, algo que tenía sentido para mí.
Decidí cambiar de rumbo.
Empecé desde cero, formándome en el Gremio de Joyeros de Barcelona,
con ilusión, paciencia y muchas horas de trabajo.
Más adelante trabajé en empresas como Tous y D’Or Joiers.
Ahí entendí la industria.
Los procesos.
La exigencia del detalle.
Pero también entendí algo más:
No encajaba.
No porque el entorno fuera incorrecto,
sino porque dentro de mí había una necesidad más fuerte:
crear algo propio.
Construir algo con significado.
No es para todo el mundo
Seguir trabajando. Seguir creando. Seguir adelante, incluso cuando no está claro. Todo nace de ahí. De entender que el carácter no aparece solo. Se construye. Golpe a golpe. Error tras error. Día tras día.
Hoy sigo exactamente en ese punto: construyendo.
Con dudas, a veces.
Con miedo, en ocasiones.
Pero con dirección.
Porque he entendido algo esencial:
No necesitas tenerlo todo claro para empezar.
Solo necesitas dar el siguiente paso.
Y luego otro.